prev next

Esto de la transdisciplina en el arte │ Florencia Guillén

Publicado el 7/05/2011 por Juan Pedro Delgado

Si partimos de la definición y redefinición histórica del arte propongo que el arte está vacío. Podemos contrastar a John Cage en la obra 4´33´´´, compuesta para que cualquier instrumento NO sea tocado para permitir que el ambiente sonoro del lugar sea lo único escuchado, con la monumental bóveda de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, pintada a lo largo de tres años y medio para representar el Juicio Final. En la primera, el silencio del artista presiona a redefinir la postura de la audiencia y el espacio: de entes pasivos separados de la obra a ser esencia de ésta.  Ante la segunda, queda el silencio de la audiencia fundida con la obra a partir de la grandeza de tal creación, a manera de espectáculo meditativo. De manera más explícita, el salto de Ives Klein a un espacio vacío, sus pinturas invisibles o la obra en la cual intercambiaba oro por espacios vacíos, son algunos ejemplos de que la única constante real en la definición del arte es el vacío de definición.

Los temas, las distintas corrientes, movimientos y estilos, que por épocas se han reanudado, varían desde la espiritualidad, lo filosófico, lo religioso, lo intelectual, lo funcional, lo irreverente, lo innovador, lo absurdo, lo tecnológico: estas personalidades múltiples de las artes parecen reciclarse y ahora convivir de forma dinámica en un ir y revenir samsárico, que plantea la idea de una definición dentro del arte como dependiente de la voluntad de quien lo concibe y presencia.

Desde la propuesta de que el arte es simplemente una proyección de la sociedad, de sus valores y de sus instituciones de poder, también hablamos de un reactor que puede ser tan inocuo como trascendente. Al combinarse con otras disciplinas logra dar giros especulares, tanto para éstas como para el arte como entidad “autónoma”. La autonomía existe sólo en relación a la auto-referencia dentro del arte; es decir, el arte retándose a sí mismo, hablando de su historia para validarse como campo de estudio aparte. Sin embargo, cualquier parte del conocimiento existe en relación al hombre, por ser su origen y motivo. 

El término transdisciplina  suele usarse en las humanidades desde el punto de vista práctico, sobre todo para integrarse en discursos académicos basados en algún tipo de investigación integradora.  En el discurso científico, la transdisciplinariedad faculta métodos de estudio integral que vincula la experiencia no-científica y la práctica de la resolución de problemas. Lo mismo aplica al arte.

El humanismo renacentista no distingue el arte y la ciencia como mutuamente excluyentes. El ejemplo más notorio es Leonardo da Vinci, conocido como el hombre polímata del Renacimiento, un concepto que podría coloquialmente traducirse como hombre orquesta. Artista, anatomista, arquitecto, científico, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista, Leonardo Da Vinci configuró conceptos, tan adelantados ante su época, que la manufactura de muchos de estos resultó imposible. Este ejercicio deja el cuestionamiento sobre cuál en realidad era la función de estos objetos de su imaginación, como el helicóptero, el submarino y el automóvil, en una etapa histórica en que la imaginación no era considerada fuente de inspiración artística válida. Por el estilo autodidacta de Da Vinci se piensa que no se preocupó por el funcionamiento real de las máquinas, sino que su ejercicio era comprender los fenómenos observándolos e ilustrándolos a detalle, sin inmiscuirse en explicación teórica. Leonardo recrea lo que ve, proyectando visiones de lo que no existe y dejando a su entorno con una mezcla de incredulidad y asombro. ¿Cuál es el motivo real de Leonardo para estas creaciones?

En contraste a la clara ausencia de función real de los inventos de Da Vinci, el artista belga Panamarenko (1940) recicla en nuestro tiempo esa pasión por la creación de naves de vuelo, pero adhiere a su repertorio alfombras mágicas y pollos inteligentes.  Panamarenko se lanza tras inventos tan comunes como descabellados que funcionan, como el Aeromodeller (1969-71), un globo diseñado para aterrizar en el jardín de Brigitte Bardot y “secuestrarla.” La invención todavía asombra sobre todo dentro del mundo del arte, considerando que la motivación para este artefacto volador es un enamoramiento platónico casi infantil. Aunque el proceso de creación de Panamarenko incluye una mente tan artística como tecnológica, aún después de publicar el libro de arte Para académicos, astrónomos y doctores astutos (2001), continúa viviendo en un entorno educado para escuchar y validar estos cuestionamientos pero dentro de un mundo exclusivamente artístico. El motivo real de Panamarenko, para contestar también la pregunta sobre el motivo de Leonardo, es la creación per se, sin fronteras entre estas disciplinas, aún si desembocan en el marco del mundo del arte.

El arte llega a  varias conclusiones drásticas dentro de su historia. Una de ellas,  para mí la más influyente y relevante en cuanto a inmiscuirse en asuntos de otras áreas, es la afirmación de Allan Kaprow que da entrada al happening como forma de arte: el arte como la vida. Esta afirmación no sugiere que el arte existe independientemente de la vida, algo pretencioso y absurdo. El arte como ecuación de vida se refiere a enaltecer las pequeñas instancias de la vida,  traducir una acción cotidiana en un espectáculo social donde podamos observar con lupa y conciencia un comportamiento natural humano. Más allá de los grandes temas, las grandes invenciones o los grandes conceptos, el happening viene a disolver ese pedestal de importancia en la que el artista se había montado con el afán de negar la funcionalidad de su profesión. Cuando  el arte,  desde este punto de vista,  es todo lo que existe en la vida y la autoría se difumina, las puertas se abren de manera contundente hacia la colaboración.

El artista, para Joseph Beuys, no es un iluminado trazando rayas que significan la eternidad ni la emoción más íntima de su creador: todos somos artistas porque el arte es un vehículo, un proceso de interacción, una escultura social. En contraste con Da Vinci o Panamarenko, Beuys se preocupa, especialmente en la última parte de su vida, por la parte terapéutica y didáctica del arte. Su alcance hacia los demás y su estatus como profesor de la universidad de Dusseldorf son tan importantes como su actividad artística, ya que no hay separación entre estas. Su personalidad y su influencia académica enaltecieron sus preocupaciones artísticas, como lo vemos en su acción 7000 robles, donde participaron los estudiantes de Kassel (Alemania). Para esta obra, iniciada en Documenta 7 en 1982, Beuys propone plantar 7000 árboles en la ciudad, y junto a cada árbol una columna de basalto para simbolizar un cambio de actitud ante el mundo. La propuesta tardó cinco años en terminarse, ya que la intención era provocar un cambio ambiental y de comportamiento social. A nivel local este proyecto provocó una renovación urbana terapéutica y de regreso a ese gesto creativo de Beuys. Kassel le asignó una postura casi chamánica a su propuesta artística. Hoy se siguen plantando árboles en distintas partes del mundo siguiendo las instrucciones del difunto artista.

Actualmente, la transdisciplina es un método común en el proceso creativo. Infinidad de artistas colaboran con otros profesionistas, como la artista Sophie Calle y el escritor Paul Auster, que intercambian el personaje de ella en la novela de Leviatán por la narrativa de él en la obra Doble juego, en la que Calle representa los comportamientos de su personaje en Leviatán en un libro y obra fotográfica. De manera distinta,  la obra Sonda de Exploración Ferroviaria Tripulada, del mexicano Ivan Puig, es a la vez  histórica, antropológica, social, así como tecnológica,  y reafirma la idea de que el arte integra y genera chispas de evolución humana, de manera casi lúdica, creando un espacio poético lleno de interacciones y vacío de resultados etiquetables.

Es común, en otra variante, que colectivos de artistas se entreguen totalmente a una funcionalidad comunitaria, como lo vimos a principios del siglo pasado con el constructivismo y el Bauhaus. Hoy lo vemos en grupos artísticos cuya intención es provocar cambios sociales como ocurre con el grupo británico Proboscis. Sus métodos artísticos de colaboración de grupo los han hecho trabajar con empresas y gobiernos municipales en temas de regeneración urbana, investigación médica, cartografía y desarrollo de nuevas tecnologías, usando una manera de estudio integral similar a la usada en el MIT en Boston, Massachussets.  Por el otro lado, a manera de denuncia, la artista mexicana Teresa Margolles habla sobre la injusticia social a partir de reconstrucciones performáticas, creando visiones más bien apocalípticas de la situación política de México. Aún dentro de la polaridad de estos artistas, vemos que el motivo deja de ser ellos mismos para convertirse en un medio al servicio de su entorno.

Hemos hablado de dos importantes: la relación interdisciplinaria (arte y ciencia, arte y educación, arte y política…) y cómo este vínculo interactúa con la sociedad.  La idea conclusiva, desde la contextualización del arte en relación con sus responsabilidades como disciplina, más allá de su función estética, es que en la ausencia de definición clara más variedad de razones pueden coexistir. La necesidad de cuestionar el origen de las fronteras imaginarias entre campos de estudio propone esa interdependencia similar a una reacción nuclear donde una disciplina y otra se empujan en su evolución. Regresar a una integración en el estudio de cualquier fenómeno, aun en el caso del arte, propone un sinfín de posibilidades que dan una amplia razón de ser el artista como sujeto relevante para el avance de su comunidad.  

Consultas:

Larry Shiner (2004). La invención de Arte: una historia cultural.  Paidós: 2004.
Allan Kaprow (1993). Art as Life, Essays on the Blurring of Art and Life. Berkeley: University of California,
Sophie Calle (2009). The Reader. Whitechapel Gallery








1 Response to "Esto de la transdisciplina en el arte │ Florencia Guillén"

.
Anónimo Says....

El arte contemporaneo: " sindrome de Salieri "
la negación a aquellos superdotados infinitamente inalcanzables artísticamente.

Leave A Reply