Reglas rígidas de cumplimiento flexible / José Ma. Gómez
Publicado el 11/19/2010 por Juan Pedro Delgado
El periodista argentino Andrés Oppenheimer, ganador del Pulitzer, sostiene que una de las diferencias principales que tienen los países subdesarrollados al ser comparados con los de primer mundo reside en la flexibilidad de las reglas que han desarrollado éstos últimos, manteniendo sin embargo rigidez en su cumplimiento.
En cambio, nosotros nos hemos esmerado en gestionar y fortalecer un sistema de leyes rígidas pero de cumplimiento flexible. Un sistema en el que la aparente “flexibilidad”, que se manifiesta en el momento de cumplir las reglas, se traduce finalmente en la creación de una cultura que adolece de falta de adherencia a las normas, una sociedad de oportunismo donde la lógica no aplica y la reacción en respuesta a un acto corrupto, por lo general, no es la erradicación del mismo, sino la realización de otra muestra de corrupción que supere en intensidad a la previa con el fin de “no salir perdiendo tanto”.
Un ejemplo claro reside en la configuración de los precios que dictan los taxímetros en función de la zona u horario en el que uno viajará en Guadalajara. Existen 3 tarifas de cobro que usan los taxis para “calcular”, en teoría de forma certera y legal, la cantidad a pagar por el pasajero (esto sin tomar en cuenta que muchos taxis tienen alterados sus taxímetros).
La tarifa 1 se diferencia de las demás ya que sólo se usa dentro de la zona metropolitana entre 6 de la mañana y 10 de la noche. La tarifa 2 sólo varía con respecto a la anterior en el hecho de que se usa de las 10 de la noche a las 6 de la mañana, y ello ya involucra un aumento del 25% del cobro. La tarifa 3 se usa “fuera de la ciudad”, lo que operativamente involucra “lo que sea fuera del periférico”. Todo parecería tener sentido y estar correctamente establecido, al menos sin cuestionar si la programación de los taxímetros es adecuada o no; Sin embargo, el problema surge cuando uno solicita un servicio que inicia dentro de la zona metropolitana y termina fuera.
Lo lógico es que un pasajero pague de acuerdo con el lugar por el que circula y no en relación con dónde va. Pero no ocurre así. Si un pasajero viaja de Zapopan a Tequila, desde el momento en que toma el servicio se usa la tarifa 3, aun cuando se encuentra en un principio moviéndose "dentro del periférico”. Si se aplicara la regla flexible y lógica, evidentemente el taxista tendría la obligación de usar la tarifa 1 hasta salir de la zona metropolitana, donde anotaría lo cobrado hasta el momento y entonces sí cambiaría a la tarifa 3.
Aceptamos así que un viaje de ida no cueste lo mismo que uno de regreso, pero no nos preocuparía ante la oportunidad de pactar un nuevo precio con el taxista que nos permitiera sentir que no somos víctimas de una exageración en el precio ante un taxímetro o la toma de una ruta alterna más larga. En consecuencia, predomina una sensación de que a pesar de que la regla es rígida y nos parece perjudicial por lo alto que sería el precio, es factible darle la vuelta y salir triunfante. Este bienestar no tiene razón de ser, ya que en realidad se está pagando una cantidad que, si bien es menor a lo que establecería el infame taxímetro, es mayor a lo que se tendría que pagar de acuerdo con la norma. Pero el mecanismo funciona bien y en ese limbo nos movemos cómodamente.
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