Nostalgia por el progreso / Éctor Sandoval
Publicado el 10/13/2010 por Juan Pedro Delgado
(A propósito de Constante: la Nueva Babilonia)
Haber nacido en un siglo, una década en particular, es casi indudable que ocasionará en el carácter de los hombres y mujeres ciertas tendencias perceptuales respecto al cuerpo, la identidad y los criterios sobre los otros. Con el surgimiento de las vanguardias que desenmascaran los modos del pensamiento, el arte europeo y americano (y por tanto el del mundo) tomarán rumbos inusitados. Los siglos XIX y XX son las promesas de un progreso para la humanidad: el hombre es el centro de toda preocupación.
Haber nacido en un siglo, una década en particular, es casi indudable que ocasionará en el carácter de los hombres y mujeres ciertas tendencias perceptuales respecto al cuerpo, la identidad y los criterios sobre los otros. Con el surgimiento de las vanguardias que desenmascaran los modos del pensamiento, el arte europeo y americano (y por tanto el del mundo) tomarán rumbos inusitados. Los siglos XIX y XX son las promesas de un progreso para la humanidad: el hombre es el centro de toda preocupación.
Constante: La Nueva Babilonia es el nombre de la exposición presentada en el Museo de Arte de Zapopan (MAZ) en agosto de 2010. Curada por el crítico-investigador Guillermo Santamarina, alberga la obra de artistas, en su gran mayoría mexicanos y de otros países de Latinoamérica, que crecen y viven -más explícitamente que en otros momentos históricos- el influjo del pensamiento europeo y norteamericano.
Mediante las fichas técnicas nos percatamos que un alto porcentaje de estos nacen entre los 60s y 70s, lo que tal vez permite inferir su experimentación sobre acontecimientos contundentes respecto a la contemporaneidad: la instauración del modelo neoliberal, la mundialización de la que habla Baudrillard, la apertura de las fronteras con fines económicos y políticos, la virtualidad, la tecnología como medio para conocer el mundo y comprender la vida, la guerra como vía.
Desde un contexto tercermundista acaso, los artistas interpretan y crean con base en lo que Europa y Estados Unidos han propuesto e impuesto como arte. Este punto resulta evidente en varias de las piezas de Constante: La Nueva Babilonia: productos nacidos bajo los lineamientos o corrientes artísticas como la pintura expresionista, el arte conceptual, hasta llegar al tan diverso, rico y controvertido arte contemporáneo.
En la curaduría realizada por Santamarina predominan las manifestaciones de corte contemporáneo que se soportan en todo tipo de materiales como pintura, plástico, concreto, metal, circuitos electrónicos, video, tela, papel.
Respecto a Constante: La Nueva Babilonia, Guillermo Santamarina comenta que “La exposición tiene distintas líneas de reflexión, está enfocada en el tema de un fenómeno urbano contemporáneo, un fenómeno que no es el más placentero, pero tampoco la exposición abunda en la queja, ni en el lamento, es una exposición que la mismo tiempo es crítica, es especialmente lúdica” (1). Hay que decir que el discurso predominante en varias de las piezas es el de la confusión, la desesperanza (David Miranda con El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional), la pérdida del sentido. Es obvia la hegemonía de un macrodiscurso que vuelve casi invisibles los mensajes lúdicos y placenteros que sugiere el curador.
A través de esta muestra -y como el título lo explicita- Guillermo Santamarina reconstruye los parajes que conforman las grandes ciudades, la babilonias del siglo XXI, focalizándose sobre los efectos nefastos que trae el progreso, podríamos decir que con demasiado ahínco. Santamarina plasma una antropología y una etnología que evidencian la complejidad que constituye a una ciudad como la capital de México.
Piezas como La palomilla salvaje de Gustavo Gamou, Una misma calle de Andrea Ferreyra, Instalación de moscas de Gilberto Esparza, extraen un instante de la realidad, sublimado, descompuesto, fragmentado. En éstas predomina un lenguaje denotativo, casi realista. Circuito interior es otro caso de mensaje literal ya que la artista reconstruye (traslada a la galería) el universo sonoro del circuito interior de la Ciudad de México.
La lectura que puede hacerse de Constante: La Nueva Babilonia resulta sencilla para un público acostumbrado a los construcciones artísticas posmodernas; sin embargo, muchos de los signos compositivos en las piezas no remiten universos cognoscibles y por tanto podrían no generarse reflexiones perentorias; ejemplo de ello son las obras de Kraeppelin (s/t) e Israel Martínez, Silencio es ruido es silencio es ruido es silencio es…, que ofrecen al público fragmentos de acontecimientos u objetos, sin más.
Con infortunio, muchas de nuestras sociedades latinoamericanas naufragan en los laberintos y fantasmas que causa la promesa del progreso que no llega. Sociedades que como ha dicho Pierre Bourdieu subsisten bajo una serie de mecanismos que producen la instauración de cierto tipo de discursos y gustos estéticos.
Constante: La Nueva Babilonia evidencia una narración, la de una generación de artistas que viven y producen bajo el influjo de los discursos europeos y norteamericanos. Poco a poco los artistas se han percatado de ello, de la necesidad de gestar productos artísticos que forjen soluciones creativas, sanadoras y universales ante problemáticas propias de Latinoamérica.
(1) http://www.alafuga.com.mx/constante-la-nueva-babilonia-vt5231.html
Constante: La Nueva Babilonia
Colectiva de arte Contemporáneo
Curador: Guillermo Santamarina
Museo de Arte de Zapopan (MAZ)
Andador 20 de noviembre No. 166
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