Escenas de lo femenino / Felipe Hernández
Publicado el 10/17/2010 por Juan Pedro Delgado
¿Quién dice lo que es bueno en el teatro? No somos una ciudad que pueda proclamarse como cuna de producciones desafiantes, mucho menos de ser una sociedad especializada en la crítica constructiva. Buscar mi lugar dentro del Teatro Diana el pasado miércoles 6 de octubre me demostró –una vez más- la aparente incapacidad tapatía por acercarse a narrativas con el propósito y capacidad de confrontarlas. Con el espacio a media capacidad, poco después confirmé que las tres presentaciones anteriores habían padecido bajo el mismo escenario.
Todo Sobre Mi Madre, en un libreto adaptado por Samuel Adamson y aderezado con una escenografía desafiante, la música de Alberto Iglesias y un elenco con las tablas necesarias: elementos que, tal vez en su cúmulo, terminaron por alienar el gusto de Guadalajara. Intento comprender, claro está, tal respuesta ante lo que en la Ciudad de México desató una sensación de 150 representaciones, una segunda temporada al concluir la gira por México y Sudamérica y que, finalmente, no pudo traspasar las barreras del conservadurismo, la discriminación y la falta de cultura en el teatro local.
Transexuales, SIDA y una visión de la fraternidad femenina entendida de un modo muy alejado al de las costumbres jaliscienses es lo que penetró en las conciencias, por más de que se tratara de Margarita Gralia, Lisa Owen, Silvia Mariscal y una titánica Alejandra Bogue porque, si bien es ella quien resonó en las mentes de quienes prefirieron no darse cita, seguro termina por adjudicarse la puesta en escena como muy suya. ¡Qué mujeres!
La audiencia local es compleja de descifrar, cuando el año pasado El Buen Canario saturó entradas y fechas, en el mismo foro que recibió ahora a las mujeres de Almodóvar. ¿Un elenco rico en contenido femenino no es capaz de completar el atractivo que la otra obra se aseguró con nombres como Diego Luna y Daniel Giménez Cacho?
Resumir lo que hace al buen teatro es, sin duda, una tarea inútil pero que, de tomarse en serio, revela los malestares y conciencia arraigadas en distintos grupos que integran a la sociedad. En una ciudad que prefiere sumir su realidad en el silencio de las ‘buenas costumbres’, muchos son los motivos que los aterran y mantienen alejados de los escenarios. Las propuestas para sentarse a pensar, experimentar y encontrar un espejo para el contexto actual, son las que a últimas fechas parecen no encontrar lugar y seguidores.
Parecía la fórmula perfecta al éxito: titulares en grande, nombres de altura, productores con reconocido respaldo y un inicio espectacular en la Ciudad de México. La sorpresa –tal vez no- fue que mujeres y lesbianismo, contraponiéndose al machismo y al poco interés por la reflexión, no funcionaron como el espectáculo esperado. Si Todo Sobre Mi Madre, que forma parte del círculo comercial del teatro y se vale de nombres reconocidos en cine o televisión, obtuvo una asistencia incipiente en Guadalajara, no se diga de las propuestas de corte más alternativo, donde conseguir una sola presentación termina en tremenda revuelta.
¿Dónde dar en el clavo? Necesitamos replantearnos lo que significa lo teatral, el sentido que le otorgamos con el tiempo, ¿dramaturgia en escena o drama en la construcción de públicos?
Todo sobre mi madre
Basada en la película de Pedro Almodóvar
Producción de Samuel Adamson
Dirección de Francisco Franco
5 y 6 de octubre, 2010
Teatro Diana
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