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Reflexiones acerca del pacto entre los medios │ Gabriela Bautista

Publicado el 3/24/2011 por Juan Pedro Delgado

Hace unas semanas invité a la clase de Géneros Periodísticos Interpretativos a Ricardo Salazar, jefe de la mesa de redacción del periódico Público del grupo Milenio. Había pedido a Ricardo que nos platicara acerca de la cobertura de los hechos violentos en México. Nos habló de la serie de mesas de reflexión que estaban llevando a cabo en el medio donde trabaja. La pregunta fundamental de este diálogo era precisamente cómo cubrir y qué comunicar respecto de la información relacionada con los actos del crimen organizado, especialmente el narcotráfico.  La preocupación surgía de un hecho doloroso: la muerte de uno de los periodistas del grupo y del crecimiento tan significativo de la violencia en estados como Tamaulipas, Chihuahua, Sinaloa, Baja California, Durango, Michoacán y, más reciente, Jalisco. Acudieron con sus colegas de Colombia para conocer su experiencia respecto al tema: les dijeron que en este país la situación había llegado a tal grado de violencia que, por ejemplo, las funerarias no tenían más materia prima para ataúdes y comenzaron a comercializar sarcófagos de cartón. La violencia en Colombia era tal que los medios de comunicación tuvieron que llegar a un acuerdo común y a un pacto nacional respecto a la cobertura del tema del narcotráfico. El acuerdo, entre otros puntos, ponía en común que los medios no deberían considerar al narcotráfico como una fuente particular de cobertura. Asimismo, se llegó al pacto, entre todos, de sólo consignar hechos de violencia en la información cotidiana, pero no entrar en detalles de nombres de víctimas, asociaciones delincuenciales o mensajes entre grupos. También acordaron que las notas no se firmarían y que, todas ellas, en todos los medios, deberían tener el mismo estilo de comunicación. El objetivo era, precisamente, no transformarse en plataforma de comunicación entre grupos rivales, porque reconocieron que éstos eran unos grandes estrategas de la comunicación: una persona asesinada por un grupo de delincuentes se transforma en un mensaje  –que además es exacerbado por los medios masivos– para el grupo rival.

Ricardo nos contó que la preocupación por no convertirse en voceros de los delincuentes los tenía reflexionando acerca de la cobertura que debe merecer un problema tan complejo como el del narcotráfico, y en su grupo parece que llegaron a un acuerdo. Me quedé pensando –entre muchas otras cosas– en las dimensiones que podría alcanzar un pacto como el del caso colombiano entre los medios nacionales.

Esta mañana me desperté y encendí la radio. La nota principal era el anuncio de un pacto nacional entre medios de comunicación para, precisamente, la cobertura de las noticias del narcotráfico. Según los anunciantes, este pacto no atentaba con la libertad de expresión y más bien es producto de una preocupación ética, profesional y social.

Según las informaciones, son más de 700 medios los que se han suscrito a este acuerdo. Rápidamente busqué la lista de los medios asociados. Sí está el grupo Milenio, también está El Universal. No está La Jornada, ni Proceso. Sí está el Grupo Imagen, el Grupo Radiofórmula. Pero cuando vi el anuncio por televisión del “pacto nacional”, ahí estaba el gran panel de personas trajeadas delante de ese letrero que dice “Iniciativa México”. Me preocupé y decepcioné. ¿Están los medios mexicanos preparados para suscribir tal acuerdo? No me refiero a la actitud o al relumbrón de tal anuncio. Me refiero a ese pequeño reducto de las actitudes cotidianas que es el ejercicio del discurso, sobre todo en el periodismo.

Los académicos estadounidenses Tom Rosenthiel y Bill Kovach, en su libro The Elements of Journalism (2007) mencionan varios problemas epistemológicos del ejercicio del periodismo. Uno de ellos tiene que ver con la conceptualización que los periodistas y grupos tienen del concepto “verdad” y de los alcances de ésta en el ejercicio profesional. Pero otro punto todavía más preocupante para ellos es la poca disposición y tiempo que los periodistas le asignan a la reflexión de su propio ejercicio periodístico. También de este tema se ocupó el académico de Berkeley Thimoty Cook en su libro Governing with the news (2004), donde señala que todo periodista –y más los que están encumbrados en grandes medios que vigilan más el negocio que el ejercicio democrático– negará rotundamente ser un brazo del gobierno en su ejercicio profesional. Lo mismo en lo que se refiere a la asociación parcial con grupos delincuenciales o en lo tocante a su repudio a otros grupos tales como minorías étnicas, discapacitados, pobres u homosexuales. Cook dice que casi todos los periodistas que él entrevistó aceptarán su compromiso social y su imparcialidad, pero que el ejercicio cotidiano de su discurso los contradice, al grado de  terminar “gobernando a través de las noticias”. El asunto y conclusión de los académicos es que hay poca reflexión del ejercicio cotidiano. Hay rechazo a entender que el periodismo es una actividad intelectual y es más política que social. “Los periodistas son actores políticos y no sociales” sostiene Cook, “sin embargo cuando se lo señalas se ofenden pues dicen que ellos no son como la clase política”. Esto se ancla a lo que decían Kovach y Rosenthiel: hay poca reflexión –incluso– de los conceptos básicos del periodismo, porque ser “actor político” no es “ser un político de un partido o un congresista”,  sino que todo conlleva una dimensión más importante. 

Creo que en México se hace un periodismo de excelente calidad y conozco comunicadores admirables. Pero también creo firmemente en que en este país  existe un sistema de medios de comunicación que pocas veces reflexiona sobre su discurso cotidiano. Me refiero específicamente a las noticias que veo en los  noticieros de Televisa y TV Azteca, tanto en sus ediciones nacionales como en las locales. Hoy los comunicadores se presentan ante el país a decir que han llegado a un acuerdo de cobertura y que –entre otras cosas– protegerán a víctimas de delitos, protegerán a testigos de hechos, no  usarán terminología judicial en sus notas, no harán una apología de los delincuentes “para que la gente no los tome como héroes”, que protegerán a los niños, que no prejuzgarán culpables.  ¿Acaso estos valores no tenían que ver con su cobertura y ejercicio cotidiano? ¿Por qué se pactan solamente estos ejercicios en las noticias que estén relacionadas con la delincuencia organizada? ¿Qué sucederá con la cobertura de otra índole, con la cobertura cotidiana?

Que el pacto se suscriba solamente a los “hechos de la violencia organizada” deja de fuera una verdadera revolución en el ejercicio del periodismo en México. Puede ser que los medios lleguen a “unirse” en este “acuerdo”,  sin embargo seguiremos viendo programas y noticieros en los que se discrimine al otro, se priorice la noticia policiaca sobre las noticias ciudadanas, se siga homogeneizando la información y la agenda de cobertura, se siga nombrando al otro de la misma manera. Un ejemplo indignante: TV Azteca, en su afán por “cubrir la tragedia humana” de los hechos ocurridos en Japón a causa del Tsunami, no derriba la barrera que supone la diferencia de idioma en México y en Japón. El noticiero nos presenta una nota con los testimonios de los japoneses y su traducción, que nada tiene que ver con lo que los japoneses dicen en realidad. Ejemplos como éste abundan en la televisión mexicana, en las que se actúa con dolo, en las que se desprecia al público. ¿Están los medios mexicanos listos para suscribir tal acuerdo? Este pacto sólo muestra el descuido del ejercicio periodístico en México. ¿Llegar a un acuerdo de lo que es tácitamente y éticamente inherente al periodismo?

Hacer periodismo es una actividad intelectual, de discurso puesto en marcha para construir una interpretación de lo que nos rodea. El periodismo no representa la realidad, ni la construye. Lo que el periodismo construye es discurso respecto de esa realidad. Por eso la comunicación y la construcción de un discurso periodístico es una elección existencial. Así, cotidianamente en los medios de comunicación mexicanos, sabemos lo que esos medios piensan de su público, o del otro. En el pacto anunciado hoy se acuerda lo que ya se ha comprobado académicamente: que para los medios de comunicación mexicanos, el violento es el otro. 






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